El diagnóstico va antes que el tratamiento
«Caída del cabello» no es un diagnóstico, es un síntoma. Detrás puede haber una alopecia androgenética, un efluvio telógeno tras una enfermedad o un parto, una alopecia areata, un problema de tiroides, una deficiencia de hierro o una alopecia cicatricial que exige actuar rápido.
Cada una se trata distinto, y algunas empeoran con el tratamiento equivocado. Por eso la valoración incluye tricoscopia —el examen del cuero cabelludo con aumento— y, cuando hace falta, exámenes de laboratorio.
Qué se valora
En la consulta se revisa el patrón de la caída, la densidad por zonas, el estado del tallo del pelo y del cuero cabelludo, y la presencia o ausencia de los orificios foliculares, que es lo que distingue una alopecia recuperable de una cicatricial.
- Alopecia androgenética en hombres y mujeres
- Efluvio telógeno agudo y crónico
- Alopecia areata
- Alopecias cicatriciales, incluida la alopecia frontal fibrosante
- Dermatitis seborreica y descamación del cuero cabelludo
- Foliculitis y afecciones inflamatorias
Alternativas de tratamiento
Según el diagnóstico, las opciones van desde tratamientos tópicos y orales hasta procedimientos en consultorio como las infiltraciones en cuero cabelludo, la mesoterapia capilar o el PRP capilar.
Conviene decirlo con claridad: los resultados capilares son lentos. Un ciclo de pelo tarda meses, así que ningún tratamiento serio muestra cambios reales antes de los tres a seis meses, y la constancia pesa más que la técnica.
El punto de partida siempre es una valoración presencial. Sin examinar la piel no es posible indicar un tratamiento con responsabilidad, y cualquier plan que se ofrezca sin verte primero debería levantar sospechas.